Desintoxicación, deshabituación, normalización, El proceso terapéutico comienza generalmente con una desintoxicación, consistente en la retirada de la sustancia, procurando minimizar los efectos del síndrome de abstinencia de la misma. Esta desintoxicación en la mayor parte de los casos puede realizarse de forma ambulatoria en las UCA. Cuando por las características del trastorno adictivo, de las complicaciones sanitarias o por las circunstancias de la persona, la desintoxicación no puede realizarse de forma ambulatoria se programa tras la valoración de la UCA una desintoxicación hospitalaria en Unidades de Hospitalización Breve. Una vez se obtiene el alta, el tratamiento se continúa en la UCA. En algunos casos, la desintoxicación se puede realizar de forma ambulatoria con un apoyo residencial y terapéutico en un piso supervisado de corta estancia o en comunidad terapéutica. Una vez se ha eliminado la dependencia física de la sustancia, el abordaje se centra en la deshabituación, en la eliminación de la dependencia psicológica y el mantenimiento de la abstinencia (en los casos en los que ésta sea un objetivo) y en la recuperación y/o aprendizaje de hábitos de vida saludables. Las adicciones en la mayor parte de las ocasiones afectan a todos los ámbitos de la vida de la persona, por lo que en ocasiones es necesario abordar las relaciones familiares y sociales y la integración sociolaboral, para lograr la total normalización., Tratamiento ambulatorio/con internamiento, En la mayor parte de los casos, el tratamiento se realiza en las Unidades de Conductas Adictivas de forma ambulatoria. Cuando la persona lo requiere puede ser derivada a un centro con internamiento. Entre los programas que ofrece la red de atención a las adicciones están los siguientes: Alcohol. Opiáceos. Metadona. Buprenorfina/naloxona. Programa de dispensación de metadona en OF. Cannabis. Cocaína. Otras drogas. Adicciones sin sustancia. Colectivos con necesidades específicas. Patología dual. Personas privadas de libertad. Menores. Mujeres con hijos a cargo., Programas de apoyo al tratamiento, La red de atención a la adicciones ofrece programas que complementan el tratamiento ambulatorio realizado por las Unidades de Conductas Adictivas. Algunos de estos programas son: Apoyo psicológico. Vivienda de apoyo al tratamiento para desintoxicación y estabilización del tratamiento. Programas de inserción sociolaboral. Programas en centro de día., Programas en centros penitenciarios, En todos los centros penitenciarios de Castilla-La Mancha existen programas de intervención individualizada, integral e intensiva para personas con adicciones que se desarrollan por entidades sin ánimo de lucro, en coordinación con los equipos médicos de prisión. En los 6 centros penitenciarios se realiza intervención de tipo ambulatoria, y en el C.P. de Herrera de La Mancha existe además una comunidad terapéutica intrapenitenciaria. Las intervenciones de este programa se centran en los programas de intervención psicosocial en personas en tratamiento con metadona, programa de deshabituación y programa de reincorporación social, existiendo coordinación entre los recursos intrapenitenciarios y con la red asistencial de drogodependencias, de forma que esté asegurada la continuidad del tratamiento. Las, actividades, que se desarrollan son: -, Intervenciones de terapia individual y grupal de:, o Apoyo psicológico. o Motivación al cambio o Educación para la salud. o Manejo del estrés. o Mejora de la asertividad. o Mejora de la autoestima. o Resolución de conflictos. o Habilidades sociales. o Prevención de recaídas. o Trabajo con familias. -, Participación en actividades:, o Educativas. o Ocupacionales. o De formación profesional, prelaboral y laboral. o De inserción social. o De orientación o Deportivas -, Talleres de preparación para la salida y reincorporación social:, - Salidas programadas.
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La alimentación es un proceso vital para el ser humano. A través de ella, obtenemos los nutrientes (hidratos de carbono, proteínas, grasas, vitaminas, minerales, fibra) y la energía que necesitamos para vivir. Puesto que no hay alimentos completos que nos aporten todo lo que necesitamos para mantener un estado óptimo de salud, debemos intentar que nuestra alimentación sea variada para obtener lo necesario de los distintos grupos de alimentos. La cantidad de comida que tomemos a lo largo del día debe ser suficiente a las necesidades de cada persona, que dependerán de la etapa de la vida en que se encuentre (crecimiento, embarazo, lactancia...) y de su actividad física diaria. Es recomendable hacer varias tomas al día: desayuno, media mañana, comida, merienda y cena., Una buena alimentación debe incluir:, Frutas, verduras y hortalizas. Aceite de oliva virgen extra,frutos secos y semillas. Cereales integrales y tubérculos. Legumbres, carne, pescado y huevos. Lácteos preferiblemente fermentados. Agua como principal fuente de bebida. Como referencia, podemos tomar la pirámide de alimentación Australiana., Comida en familia, Unos hábitos saludables son aquellas acciones relacionadas con la alimentación, que se repiten a diario o con mucha frecuencia. Estos los aprendemos desde el nacimiento, en el seno de la familia. Cuando comemos a diario en familia, participamos en el proceso de la educación alimentaria de nuestros hijos. Es importante intentar coincidir en las comidas. Si desde pequeños los hijos observan que en su casa hay menús variados y se fomenta que prueben alimentos de diferentes sabores, texturas, colores y preparaciones culinarias es probable que disfruten más de la comida y que, cuando crezcan, sean capaces de cuidar su propia alimentación. Es necesario paciencia y constancia para que los hijos vayan adquiriendo buenos hábitos. Asimismo, es recomendable que las comidas familiares cumplan estas características: Todos los miembros de la familia coman compartiendo la misma mesa y comida . Las cantidades se ajustarán a las necesidades de cada uno y la textura también si fuese necesario ( abuelos, bebés...). La comida debe ser un momento agradable , de convivencia en torno a la mesa, donde se favorezca la conversación y la escucha. No es el momento indicado para discusiones o reproches. Hay que intentar que las conversaciones sean agradables y evitar temas que se centren en la comida, la imagen, las dietas, el peso, el culto al cuerpo…. Muchos veces los adultos tratamos estos temas delante de los menores, sin pensar en las repercusiones. Es recomendable que durante la comida no haya distracciones externas, como la televisión, la radio, los móviles... para favorecer el encuentro familiar. Esta debe ser organizada y dentro de unos horarios flexibles. Debe durar entre 30-45 minutos para favorecer la masticación y una buena digestión. La alimentación engloba también unas costumbres propias de cada zona geográfica y, además, propias de cada familia. De esta forma podemos decir que alimentarse no es sólo un proceso físico, sino que también comprende factores emocionales y sociales. Aunque, en ocasiones, nuestras elecciones alimentarias sean menos recomendables, no hay que tenerles miedo y considerarlas como “prohibidas”, simplemente como algo ocasional que no nos aparta de nuestros hábitos saludables. El disfrutar de una comida, del momento de encuentro con seres queridos o conocidos y saborear los alimentos, es tan importante como el aspecto puramente nutricional de los alimentos y permite que una persona tenga una relación sana con la comida. Se recomienda, además: Realizar, actividades de ocio sanas, dinámicas, evitando el sedentarismo, excesivo. Es ideal el ejercicio físico de forma lúdica facilitando, si es posible, actividades grupales cooperativas.
La prevención terciaria implica el establecimiento de medidas eficaces para prevenir las complicaciones y la cronicidad de la enfermedad. Este tipo de actuaciones se realizarán principalmente desde el ámbito sanitario (unidades y/o programas de Trastornos Alimentarios). No obstante, se sigue considerando esencial la colaboración con el ámbito escolar, con el objetivo de programar actuaciones conjuntas con el profesorado a través de actividades de coordinación de actuaciones (incluso con el calendario de actividades y exámenes) y normalización de trato como objetivo de tratamiento. Asimismo, la intervención familiar debe ser coordinada con el entorno escolar, a través de programación de objetivos comunes en las principales áreas de funcionamiento del paciente. A continuación se incluyen unas RECOMENDACIONES BÁSICAS para docentes: 1. Los comentarios con la persona afectada no deben centrarse en la alimentación, la figura, el peso, los síntomas…sino en su estado emocional dado que: A veces, se utiliza el trastorno para evitar hablar de otros problemas más profundos, o se utiliza el trastorno como “máscara” por dificultades de autoestima. Es fundamental hablar de otros temas e interesarse por la vida de esta persona en áreas que no sean la alimentación o la forma corporal: cómo se siente con sus compañeros, con la presión académica, qué asignaturas le gustan… Las cuestiones relacionadas con alimentación y síntomas las abordará en las consultas sanitarias. A veces, hablar de los síntomas se puede utilizar para comunicar un malestar pero no una forma sana de comunicación y no se debe reforzar precisamente por eso. Si habla de los síntomas, se le debe remitir a los profesionales del entorno sanitario. Un trastorno alimentario es un problema complejo: los consejos no suelen ser de ayuda, más bien lo contrario. No es un problema racional, en el que necesite convencerse de algo. No debatas. Deja el tratamiento a los profesionales y ofrece tu apoyo, que es insustituible. Si a pesar de todo habla de los síntomas , de su apariencia... se puede transmitir empatía a pesar de la diferencia de criterio. Por ejemplo: “debe ser duro sentirse así aunque yo no te veo como tú te ves”. Deben evitarse debates (“es imposible que te veas así”), moralizaciones (“¿cómo puedes decir eso?”), rechazos (“estás en los huesos”). Es importante recordarle que el problema no es la imagen que tengan los demás, sino su propia autoimagen en todos los sentidos (no sólo en el físico). 2. Si se detectan síntomas en el centro educativo (comida escondida, vómitos, laxantes…), debe hablarse clara y asertivamente con la persona transmitiendo de forma descriptiva lo observado y sin pedir confirmación al respecto ni entrar en discusiones. El objetivo de transmitir la información no es que lo reconozca sino que tenga conocimiento de la preocupación y disponibilidad del personal docente. 3. Están desaconsejadas las indirectas, secretismos, rodeos o chantajes emocionale s. Las técnicas alarmistas no funcionan, no “hacen reaccionar” y hacen perder confiabilidad. Las consecuencias negativas del trastorno alimentario suelen vivirse a medio y largo plazo, por lo tanto no son un argumento útil y suelen sonar a falsa amenaza, con los riesgos que ello tiene en la relación. 4. Se debe mantener un respeto a su intimidad similar al de resto de alumnos, evitando revisiones de mochilas, cajoneras… Las actitudes “persecutorias” no tienen ningún efecto positivo, más bien lo contrario. Por supuesto, se debe actuar como en cualquier otro caso si hay salto de normas. Por ejemplo, si no pueden llevarse medicamentos al centro educativo pero se encuentran laxantes u otros productos adelgazantes, anorexígenos o diuréticos, éstos deben ser retirados por la seguridad de todos. 5. Si la persona afectada con un trastorno alimentario come en el centro educativo o de forma puntual en alguna actividad extraescolar , es recomendable que tenga compañía pero no vigilancia. En la medida de lo posible, debe intentar normalizarse ese momento y no realizar comentarios ni adoptar expresiones sobre lo que come o deja de comer. En casos graves, se limitará el acceso al aseo durante y después de la comida, recordándole si es necesario antes de entrar al comedor que pase por el aseo porque después no podrá hacerlo. En casos menos graves, es suficiente con limitar el uso del baño de forma normalizada, dado que no se permite a ningún alumno que pase “horas”en el baño. 6. En casos graves de anorexia nerviosa, se remitirá informe recomendando la restricción de ejercicio físico lo que implica fundamentalmente la asignatura de Educación Física. Se entiende que la vigilancia durante los recreos es más complicada e incluso puede no ser sana. Generalmente bastará con recordarle los motivos por los que se ha realizado esa restricción. 7. Si hay básculas en el centro educativo deben estar restringidas. Por supuesto, se deben evitar siempre situaciones como pesarse en público delante de compañeros o comentarios sobre el peso y la apariencia externa. 8. Siempre se debe hablar con la familia de la necesidad detectada , enfatizando la dimensión emocional del trastorno. Si el adolescente nos pide que “le guardemos el secreto”, hablaremos con él de los motivos de su reticencia (suele ser básicamente vergüenza, miedo o sobreprotección a los padres de información dolorosa) y podemos ofrecernos para acompañarle en la comunicación de esa información. Es cierto que en algunos casos no es necesario profundizar en detalle en las características de los síntomas sino en la necesidad de apoyo emocional y atención sanitaria. 9. Es importante transmitir una actitud de aceptación y aprecio incondicional , más allá de los errores, los logros o los fracasos. Se deben evitar las comparaciones con el resto de compañeros, ni siquiera si es para transmitirle un elogio positivo. Tampoco son recomendables las etiquetas positivas generales “para subirle la autoestima”. Los elogios generales no resultan fiables y aumentan su desconfianza en los demás. 10. Es importante fomentar en la medida de lo posible la toma de decisiones autónoma y las conductas asertivas , en las que pueda expresar de forma abierta y sincera sus opiniones y emociones. 11. Una trampa frecuente ante una persona afectada por un trastorno alimentario es adoptar el papel de “salvador/a”. Es sin embargo fundamental recordar su papel activo en la recuperación: la persona que de la que depende la solución del problema es ella misma, con apoyos. Cuando haya mejoría, recuérdale su papel en ello. 12. El tratamiento y la recuperación de los trastornos alimentarios es muy prolongada y angustiosa. Es perjudicial para todos angustiar “metiendo prisa” porque no se observen cambios o criticar al equipo terapéutico sin conocimiento del proceso.