ECOSISTEMAS URBANOS
En una ciudad conviven animales y plantas, es decir, existe una
biocenosis, y se produce una circulación de la materia y una necesidad de
energía. Por ello podemos estudiar la ciudad como un ecosistema, pero
artificial, ya que los productores, consumidores y descomponedores no
desempeñan el mismo papel biológico que en los ecosistemas naturales, ni
tampoco la circulación de la materia y la energía se realiza de la misma
forma.
Todas las grandes ciudades tienen un microclima común que se
caracteriza por unas temperaturas algo superiores a las que correspondería
a dichas condiciones. El calor emitido por el uso de combustibles fósiles y la
presencia de edificios que impiden la circulación de los vientos originan que
las ciudades sean auténticas islas de calor en el territorio y trampas para la
circulación de los contaminantes.
Aunque evidentemente está dominado por la especie humana,
también son muy abundantes la
y
domésticos y una serie de especies que se han adaptado eficazmente al medio
urbano.
FLORA
Los núcleos urbanos, incluidas las grandes ciudades, tienen una flora
y fauna propia. En las orientaciones a umbría, en los viejos tejados de la
parte más antigua de la ciudad, la cubierta estará vestida de líquenes
anaranjados y verdes. Mucho más frecuentes, los jaramagos (Dipiotaxis sp.)
adornan con sus flores amarillas.
También contamos con algunas higueras en lo alto de algún tejado, y
jardines en las llamadas zonas verdes de las ciudades.
FAUNA
En los tejados más altos, generalmente en grandes iglesias o viejos
caseríos, habita el cernícalo primilla. Ave gregaria, quedan entre 300-400
parejas en Castilla-La Mancha. Su población está en declive por las
restauraciones de los monumentos y los arreglos de sus cubiertas, que privan a
estos pequeños halcones de las grietas y huecos entre las tejas donde hacían
sus nidos.
Coronando los tejados, o sobre las cornisas, anidan las cigüeñas, aves que
forman parte del paisaje urbano manchego. Suele criar el ave urbana por
excelencia: el gorrión común.
Otros habitantes de los tejados son los estorninos negros y las palomas. Los
primeros llegan incluso a constituir un autentico problema por los destrozos que
causan.
Bajo las cornisas se encuentran los dominios de la golondrina común, el avión
común y el vencejo. Aves insectívoras, son las tres nidificantes en
nuestra región. El avión común es de las pocas especies de aves europeas que
muestran una "cría cooperativa"; así los jóvenes recién
emancipados colaboran con sus progenitores para alimentar las crías de la
segunda puesta.
En los canalones atascados, las aguas de lluvia retenidas forman un pequeño
humedal donde se desarrollan protozoos y hasta larvas de mosquito (Culex sp.)
éstas, al convertirse en adultos, son presa del murciélago común (Pipistrellus
pipistrellus).
En los charcos de lluvia, en los solares sin edificar, o en los jardines,
abunda en invierno la lavandera común. También conocidas como Aguzanieves.
Los sotos y jardines están llenos de aves: el mirlo común, carbonero
común, petirrojo, etc. Otras especies, como la tórtola turca, van ampliando su
área de distribución en gran parte gracias a los jardines. Su límite
meridional en nuestra región es Valdepeñas.
Dentro de nuestros hogares, tenemos un habitante subtropical, la
cucaracha, confortablemente instalada gracias a las calefacciones. Menos
indeseable, el pececillo de Plata (Lepisma saccharina), vive en despensas,
alacenas y bibliotecas, alimentándose de papel, cartón, harina, etc.
La especie que desplazó a la rata negra (Rattus rattus) en el
medievo . La lista es demasiado extensa como para continuar. Los coleópteros que viven
en los montones de estiércol de los jardines, las plagas que aparecen en las
macetas de los balcones, etc., son otros animales que viven entre nosotros.
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