El hilado corría a cargo de la mujer campesina,
que utilizaba el cáñamo, esto es, la parte basta del lino. Las telas se
diferencian de las que se utilizan en la metropoli por el menor número de
hilos en la urdimbre y por los colores pardos y oscuros que se utilizaban
para estos bastos paños. En la ciudad se comercializan nuevas telas: la
seda, que proviene de Damasco, y la gasa, tejida en Gaza. En los pueblos de nuestra región las mujeres se vestían con la saya parda, con faldas no muy largas, corpezuelo también pardo y la camisa de pechos. En el caso de que la fémina fuera hidalga, los paños eran más finos y se adornaban copiosamente con medallones y collares. En cuanto al hombre, su vestimenta constaba, básicamente, del capotillo de dos haldas, abierto por los costados y con mangas que se podían echar hacia la espalda; los calzones anchos (zaragüelles) y medias de paño pardo, así como la camisa de estopa y sus características alpargatas. En invierno, y para la cuestión del abrigo, se utiliza un capote con capucha llamado gallaruza. El traje del campesino en día de fiesta se compone con camisa alta de cuello plegado, almilla de frisa, sayo verde escotado, zaragüelles de lienzo fino, antiparras azules, zapatos redondos, cinto tachonado, una caperuza del color del sayo y calzas, como tan fielmente nos ha retratado Cervantes en la descripción de los serranos toledanos. La mujer también gozaba de sustancial cambio con respecto al día de labor. Se componía su atuendo de saya y cuerpos leonados guarnecidos de raso blanco, camisa de pechos labrada, gorguera de hilo sembrado de argentería, garbín con flecos de seda, zapatillas "justas" y el ornamento de alhajas propio para el día de celebración.
Para terminar, y como curiosidad, podemos hablar de la estética masculina de las barbas y las perillas, que sufrió un cambio radical. Durante el XVI, el pelo se llevó corto y la barba poblada, pero, por el contrario, en el XVII, se impusieron los cabellos largos con numerosos bucles y rizos y las barbas quedaron reducidas a perillas. | |||||
Manuel Francisco Sánchez-Carnerero